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Hospital Susana López de Valencia E.S.E. Necesito ayuda

Si te preocupa un compañero o compañera

No tienes que ser psicólogo. Lo que hace diferencia casi siempre es más simple que eso: notar, preguntar y quedarte.

Preguntar no siembra la idea

Es el miedo que frena a casi todo el mundo: «¿y si le pregunto y le doy la idea?». No ocurre. Una revisión de trece estudios (Dazzi y colaboradores, 2014) y un metaanálisis posterior (Blades y colaboradores, 2018) no encontraron ningún aumento de la ideación suicida después de preguntar por ella. En algunos casos observaron lo contrario: hablarlo alivia.

Lo que sí desaconsejan las guías es preguntar por métodos, planes o detalles. Eso corresponde a una evaluación clínica con seguimiento, no a una conversación entre compañeros.

Cómo empezar

Busca un momento sin prisa y un lugar donde no os interrumpan. No hace falta un discurso. Sirve nombrar lo concreto que viste:

  • «Te he notado apagado estas semanas. ¿Cómo vas?»
  • «No te he visto en los descansos últimamente. ¿Estás bien?»
  • «Me quedé pensando en lo que dijiste el otro día.»

Si la conversación se abre y percibes que va en serio, se puede preguntar directo. Con calma y sin rodeos:

  • «¿Has llegado a pensar en hacerte daño?»
  • «¿Has tenido pensamientos de quitarte la vida?»

Preguntarlo así, con esas palabras, es mejor que insinuarlo. La pregunta indirecta obliga a la otra persona a decidir si te está entendiendo, y en ese momento eso es un esfuerzo de más.

Qué ayuda

  • Escuchar sin arreglar. La mayoría de las veces no hay nada que arreglar en esa conversación. Hay algo que sostener.
  • Tomárselo en serio. Aunque te parezca desproporcionado. Para esa persona, en ese momento, no lo es.
  • Preguntar qué necesita, en vez de suponerlo.
  • Ofrecer algo concreto: acompañar a hacer una llamada, cubrir un rato, quedar mañana.
  • Volver. Preguntar otra vez dentro de unos días es probablemente lo más valioso de toda la lista.

Qué no ayuda

  • Reaccionar con alarma. Si te asustas visiblemente, la otra persona deja de hablar para cuidarte a ti.
  • Minimizar: «no es para tanto», «hay gente peor», «eso se pasa».
  • Dar consejos rápidos o soluciones de manual.
  • Prometer que no se lo dirás a nadie. Si hay peligro, esa promesa te ata las manos. Es mejor decir: «no voy a andar contándolo, pero si veo que estás en peligro voy a buscar ayuda».
  • Cargar tú solo con eso durante semanas.

Si crees que hay peligro ahora

  • No dejes sola a la persona.
  • Llama al 123, o acompáñala a un servicio de urgencias.
  • Si acepta, haz la llamada con ella. Marcar es la parte difícil.

Y después

Acompañar a alguien en esto cansa, y a veces deja una preocupación que no se va. Que tú también busques con quién hablarlo no es exagerado: es parte de poder seguir haciéndolo.

Esta página orienta una conversación entre compañeros. No sustituye la valoración de un profesional de salud mental.

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